Temeridad

Un vicio opuesto a la virtud de la entereza por el exceso. La entereza, o coraje, modera las pasiones o emociones del miedo y la osadía; se ocupa de los males amenazadores que son difíciles de soportar o de vencer. La fortaleza tiene dos funciones: fortalece al hombre para que aguante un mal o para atacarlo, dependiendo de cuál de las alternativas se considere razonable. La temeridad se opone a la fortaleza al enfrentar el peligro y atacar cuando la verdadera virtud preferiría huir o soportar el mal. La temeridad no solo ataca innecesaria e irrazonablemente, sino que también es probable que ataque con mayor violencia de la que justifican las circunstancias. La temeridad puede ser causada por la presunción, como cuando uno sobreestima sus propios poderes para repeler el mal (cf. Summa theologiae 2a2ae, 127.2 ad 1); por la ira, que puede conducir a un intento de repeler al agresor con violencia innecesaria o de castigarlo; o por vanagloria, porque un ataque contra el mal puede provenir de un deseo irrazonable de afirmar la propia voluntad y ganar estima. Puede surgir por un desprecio por la vida o por otros bienes que se arriesgan, o por otras causas.

La temeridad, como las otras ofensas contra la fortaleza, es pecado, pero su gravedad depende de sus causas y sus efectos. Si la temeridad o la temeridad lo llevan a uno a poner un gran bien en grave peligro oa infligir un daño grave innecesariamente, el pecado es grave.

Bibliografía: tomas de aquino, Summa theologiae 2a2ae, q. 127.

[j. hennessey]