Subsistencia (en cristología)

El uso del término "subsistencia" en cristología depende en gran medida de la filosofía, especialmente de los desarrollos de la escolástica medieval (ver artículo anterior).

La cristología de subsistencia es el nombre que se le da a la segunda de las tres tendencias principales que peter lombard identificó en los intentos teológicos de explicar la encarnación. Esta línea de pensamiento buscaba proteger la unidad de la persona en Cristo y al hacerlo encontró su firme ancla en la tradición en la declaración dogmática del Concilio de Calcedonia. Gilbert de Porrée fue su firme defensor en el siglo XII. Distinguió entre el qué del Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles y el eso es de cualquier ser. los qué se refiere al ser existente: la realidad existente subsistente. los eso es se refiere a las cualidades que permiten que un ser subsistente sea ese ser particular. En el Cristo encarnado hay uno qué, la persona de la Palabra de Dios. Después de la encarnación, el Verbo existió a través de dos eso es, dos modos de ser, la naturaleza divina y la naturaleza humana. Los críticos de esta posición cuestionaron si Cristo era verdaderamente humano si no era una realidad subsistente particular como ser humano. Sin embargo, si en su humanidad Cristo es un ser humano subsistente, entonces hay dos seres en Cristo, posición en la que se escucharon los ecos del nestorianismo.

Tomás de Aquino refinó esta posición en el siglo XIII y finalmente afirmó que era la única posición ortodoxa de los tres que describió Peter Lombard. Aquino reelaboró ​​la posición refinando aún más la definición de Boecio de una persona como una sustancia individual de naturaleza racional. Reconoció que en la mayoría de los seres hay una sola naturaleza que subsiste en ese ser particular como su esencia. Sin embargo, en algunos seres también existen cosas más allá de la esencia, ya sean accidentes o materia individual. Así, una persona puede incluir cosas más allá de su naturaleza esencial. Al hacerse humano, el Verbo no se convirtió en un segundo ser, una segunda subsistencia. Permaneció como la realidad subsistente de la Palabra de Dios, pero asumió el modo de ser que corresponde a la naturaleza humana. Este modo de ser humano subsiste en el ser único de la eterna Palabra de Dios.

El alejamiento de las categorías escolásticas en el siglo XX ha hecho que esta teoría caiga en desuso. Aquellos que buscan reinterpretar y explicar la fórmula calcedónica luchan con un cambio importante en la terminología que forzaría más desarrollos en cualquier versión moderna de la teoría de la subsistencia. El término "persona" ha sufrido grandes modificaciones debido al desarrollo de temas como la autoconciencia, la libertad personal, el yo psicológico y la naturaleza temporal de lo humano. Para la mente moderna, la naturaleza humana implica personalidad. Afirmar que la humanidad de Cristo no posee una subsistencia o personalidad creada les parece a muchos despojarla de cualquier participación genuina en la vida del hombre.

La solución de Santo Tomás es paralela a la que se encuentra en la tradición griega, especialmente en el pensamiento de Leoncio de Bizancio. La humanidad de Cristo no es hipóstasisni tampoco anhypostatos ; es enhypostatos. De manera similar, se puede decir: la humanidad de Cristo no está desubsistencializada por la unión hipostática, sino subsistencializada en la Palabra. Lejos de representar privaciones, esta subsistencia en la Palabra trae consumación consumada (cf. Summa theologiae 3a, 4.2 ad 2). La razón última por la que esto es posible es la perfección trascendente de Dios, la plenitud del ser creativo. "Dios no se opone a nada; por tanto, al hacerse cargo de todo lo que hay en la naturaleza humana, no excluye ni menosca nada" (Mersch, 220; cf. San Agustín, Vid. Y Synib. 7; Patrología latina 40: 185). Es prerrogativa de la creatividad divina poder constituir a la criatura en una autonomía en proporción directa, no inversa, a su dependencia total de Dios (cf. Rahner, 162). En Jesús, la persona humana llega a su plenitud mediante su unión con lo divino. El punto es de la mayor relevancia tanto para la vida cristiana como para el pensamiento cristiano, porque asegura al cristiano que la economía de la Encarnación, lejos de apartar al hombre de la existencia humana, invita a la persona a ejercerla más plenamente.

Bibliografía: mi. mersch, La teología del cuerpo místico, tr. C. vollert (St. Louis 1951) 202–216. F. malmberg, Sobre el Godman (Disputa 9, Basilea 1960) 44-61. k. Rahner, "Problemas actuales en cristología" Investigaciones teológicas, v. 1, 149-200. k. rahner, "Sobre la teología de la Encarnación", Investigaciones teológicas, v. 4, 105-120. v. kasper, Jesús el cristo, 238–252. w. pannenberg, Jesús, Dios y hombre, 295-296. D. carril, La realidad de Jesús, 109 129-.

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