Ruíz y flores, leopoldo

Arzobispo mexicano y delegado apostólico; B. Amealco, Querétaro, 13 de noviembre de 1865; D. Morelia, 12 de diciembre de 1941. Después de ser criado en Temascalcingo, fue estudiante en el Colegio Clero de San Joaquín en Tacuba y luego en el South American College en Roma. Recibió los doctorados en filosofía, teología y derecho canónico en la Universidad Gregoriana. Enseñó filosofía en el seminario arquidiocesano de la Ciudad de México y fue nombrado sucesivamente párroco en Tacubaya, canónigo de Guadalupe, obispo de León (1900–07), arzobispo de Linares-Monterrey (1907–11) y finalmente arzobispo de Morelia (1912–41). 1929). Fue delegado apostólico desde 1937 hasta 1911. Mons. Ruiz dedicó mucho tiempo a mejorar la educación catequética y general en las escuelas católicas. En León fundó el Instituto Sollano, el Instituto Teresiano, el colegio de las Hermanas de la Adoración, el Instituto Guadalupe así como el colegio marista en Irapuato y luego en Monterrey, y los colegios de los Hermanos Cristianos y las Hermanas del Sagrado Corazón. Como arzobispo creó muchas parroquias nuevas y la nueva Diócesis de Tacámbaro. Destacó el apostolado social entre los trabajadores industriales y agrícolas. Cuando estalló la rebelión de Madero en 1914, el arzobispo Ruiz, amigo de Pres. Porfirio Díaz, se sintió obligado a exhortar a su rebaño a permanecer leales al gobierno establecido. Como resultado fue considerado un reaccionario por los rebeldes victoriosos y en 1925 se vio obligado a refugiarse en Estados Unidos. Durante la persecución religiosa de 1929, a pesar de su simpatía por los movimientos conciliadores, Ruiz y Flores fue expulsado por el presidente Calles. Una vez más buscó la hospitalidad en Estados Unidos. El Papa Pío XI lo nombró delegado apostólico y, a través de los buenos oficios de los embajadores de Estados Unidos y Chile, realizó una visita secreta a México en junio de XNUMX, acompañado del Mons. Pascual Díaz, para reunirse con el Pres. Emilio Portes Gil. Acordaron en un modus vivendi que permitiría la restauración del culto en todas las iglesias de la república. Cuando el Papa, en su encíclica Un viento gélido, criticó al gobierno mexicano por violar abiertamente el acuerdo, el arzobispo Ruiz y Flores fue nuevamente exiliado. Vivió en San Antonio, Texas, hasta 1937, cuando regresó después de la dedicación del seminario pontificio en Montezuma. Dedicó los pocos años restantes de su vida a la Arquidiócesis de Morelia.

Bibliografía: j. a. romero, Recuerdo de Recuerdos (Ciudad de México 1942). mi. valverde tÉllez, Biobibliografía eclesiástica mexicana, 3 v. (Ciudad de México 1949).

[D. olmedo]