Precio justo

Este artículo no trata en detalle las muchas complejidades de la justicia de precios moderna, sino que solo intenta enunciar principios morales generalmente aceptados que rigen el precio justo. Estos principios están destinados a aplicarse a los productos básicos comprados y vendidos en el mercado abierto; no se aplican necesariamente a artículos raros o transacciones privadas ocasionales.

Noción de precio justo . El precio de una cosa es su valor en términos de dinero. El valor, en este contexto, es la capacidad de los bienes para satisfacer los deseos humanos. El dinero es el medio de cambio; sirve como patrón general de valor para todos los bienes. Básicamente, entonces, el precio justo es el verdadero valor monetario de la mercancía, un precio que puede comprar otras mercancías que tengan una capacidad para satisfacer necesidades humanas igual a la de la mercancía vendida. Todo el concepto de justicia conmutativa se basa en la idea de igualdad. El comercio moderno, aunque muy complejo, tiene sus raíces en la misma idea de igualdad. Tiene como objetivo permitir que una persona obtenga la misma cantidad de lo que da. Esta idea de igualdad no se opone a la idea de lucro; una persona tiene derecho al fruto de su laboriosidad o ingenio. Uno puede beneficiarse sin violar la justicia, pero la justicia pone límites a los métodos mediante los cuales se puede obtener beneficios legítimamente.

Determinación del precio justo. El problema al que se enfrenta el moralista es el siguiente: ¿Cómo se puede calcular la capacidad igual de las mercancías para satisfacer los deseos humanos? Las respuestas extremas a esta pregunta deben rechazarse. Un punto de vista extremo sostiene que cada producto tiene un valor monetario fijo que puede determinarse exactamente en un momento dado. Este punto de vista debe rechazarse, ya que es imposible determinar con precisión las necesidades y los deseos humanos; estas necesidades varían mucho de una persona a otra, y de vez en cuando, y dependen de demasiados factores puramente psicológicos, como el gusto y la moda. Otro punto de vista extremo es que todo valor depende tanto de los caprichos de los compradores individuales que cualquier precio que estén dispuestos a pagar es justo. Esta posición debe ser rechazada porque es inmoral; frustraría la idea misma del dinero como medio de intercambio, del comercio como función de la sociedad y de la justicia conmutativa como virtud moral.

En oposición a tales puntos de vista, la teoría tradicional de la ley natural sostiene que el precio justo debe ser determinado no por la utilidad de una mercancía para tal o cual individuo, sino para los hombres en general. El precio debe representar el juicio del público comprador en general sobre el valor de un producto en particular. Este juicio se expresa en el mercado abierto, donde compradores y vendedores compiten libremente entre sí y establecen en el proceso una verdadera igualdad entre las capacidades de diferentes mercancías para satisfacer los deseos humanos. El precio competitivo es, entonces, el precio natural (o común) que eliminará todos los demás precios. Donde haya competencia pura, este precio competitivo será el precio justo. Este precio competitivo o común no es estático. Tampoco es exactamente determinable, pero puede oscilar entre un límite más alto y un límite más bajo. Dentro de este rango, cualquier precio podría considerarse justo.

Precio legal . En ocasiones, para proteger los intereses tanto de compradores como de vendedores y contrarrestar los intentos de subir o bajar los precios artificialmente, la autoridad pública puede considerar necesario establecer un precio legal. En este caso, el valor se establece en un nivel particular y la ley fija un precio adecuado para un producto o servicio. Los moralistas están de acuerdo en que este precio legal, cuando se establece, es el precio justo. Sin embargo, las desviaciones son considerablemente mejores (o peores) que el artículo estándar, o si el precio establecido ya no es observado por la mayoría de las personas con el consentimiento tácito de la autoridad pública.

Al fijar el precio de cosas para las que no existe un mercado establecido que proporcione una estimación común de valor, o ningún precio legal, la justicia depende del juicio de los tasadores experimentados en tales transacciones. A esto a veces se le llama precio convencional porque está formado por compacto o convenio. Los moralistas sostienen que se alcanza un precio justo por las cosas cuyo valor es incierto cuando ambas partes del trato lo consienten libre y honestamente. Existe un acuerdo entre los moralistas católicos en que: (1) Es contra la justicia, en circunstancias ordinarias, exigir más de lo que permite el precio legal; (2) Vender por encima del precio justo más alto o comprar por debajo del precio más bajo es una violación de la justicia.

Bibliografía: j. Messner Ética social: derecho natural en el mundo moderno, tr. jj doherty (St. Louis 1957). va demant, ed., El precio justo: la doctrina medieval y su posible equivalente hoy (Londres 1930). pag. sobre, El precio normal (París 1924). o. de nell-breuning, Léxico de teología y cereza, ed. j. hofer y k. rahner (2d, nueva ed. Freiburg 1957–65) 8: 719–721. una. michel, Diccionario de teología católica, ed. a. vacante et al., 15 v. (París 1903–50; Tables générale 1951) 15.2: 2625–31.

[D. lowery]