Pericoresis cristológica

La recíproca morada de las naturalezas divina y humana en Jesucristo. La pericoresis trinitaria (circunscripción) es la sagrada morada de las tres Personas en un solo Dios. El segundo es la compenetración de Personas Divinas en una naturaleza; el primero, la compenetración de la naturaleza humana en Cristo por la divina en la Persona única del logos. La pericoresis trinitaria afirma la consustancialidad de las Personas Divinas contra el arrianismo y la distinción de las Personas contra el sabelianismo. La pericoresis cristológica proclama (a ) una sola persona en Cristo contra el concepto del nestorianismo de dos personas moralmente unidas y (b ) dos naturalezas distintas contra la confusión del monofisismo de los elementos de Cristo en una naturaleza.

Solo la Segunda Persona posee naturaleza humana, porque solo la palabra se hizo hombre y vivió entre los hombres. Sólo Él puede decir: "Este es mi cuerpo". Ambas naturalezas subsisten mutuamente entre sí sin ninguna modificación del Logos, pero con, en la predicación, intercambio recíproco de atributos debido a la unicidad de la Persona. Así, la unión hipostática es la base de la pericoresis que se refleja en este intercambio o comunicación de modismos.

La pericoresis encarnacional debe estudiarse en su riqueza existencial concreta, no meramente en la repetición abstractiva de la gran (y eternamente verdadera) fórmula calcedonia: dos naturalezas, una Persona, inconfundible, indivisa, la diferencia de naturaleza preservada en una subsistencia. El poder unificador es solo del Logos: el teólogo debe explicar el sujeto humano concreto, totalmente santificado por lo divino, existente con toda la perfección de mente, voluntad y corazón, profundamente consciente de sí mismo, poseedor de tremenda iniciativa en la obra de la Redención. . Diverso del Logos, solo puede estudiarse como unido al Logos, solo la diversidad explica la unidad, y la unidad da una idea de la diversidad (Rahner).

La naturaleza humana de Cristo es la presencia de Dios entre los hombres. Es el plan divino que los hombres deben encontrar en Jesucristo. Solo en Su rostro humano pueden ver a Dios, solo en Su palabra escuchar a Dios, solo en Su gracia acercarse a Dios. Por eso el Hijo de Dios tomó forma humana visible. Incluso en Su humanidad, Él es el Hijo de Dios. Por tanto, Cristo es Dios en forma humana y hombre en forma divina. Como hombre, actúa Su vida divina en y de acuerdo con Su existencia humana. Todo lo que hace como hombre es un acto de Dios hijo, un acto divino en forma humana, su amor humano la encarnación humana del amor redentor de Dios, su humanidad concretamente destinada por Dios como cumplimiento de la promesa de salvación. Debido a que los hechos humanos son hechos divinos, actos personales del Hijo de Dios, actos divinos en forma humana, traen salvación, causan gracia (Schillebeeckx).

A esta luz de la pericoresis Encarnacional se estudia la impecabilidad de cristo, pues su humanidad está sustancialmente santificada por la santidad increada, su naturaleza humana y su existencia accionada por el divino Logos. A esta luz, también, el teólogo estudia los nudosos problemas de una o dos existencias en Cristo, de la conciencia humana del Salvador y de su personalidad "psicológica". Los hombres se entregan con devoción a Cristo, en quien solo encuentran a Dios, porque Él es el sacramento primordial, la invitación divina y la respuesta humana. En su presencia eucarística tanto la pericoresis trinitaria como la encarnacional prometen el encuentro eterno.

Ver también: hipóstasis; encarnación; jesucristo, iii (preguntas especiales); persona, divina; actos teandricos de cristo.

Bibliografía: F. malmberg, Uber den Gottmensche (en disputa 9; Basilea 1960). eh schillebeeckx, Cristo: Sacramento del encuentro con Dios, tr. pag. barrett (Nueva York 1963). k. rahner, Investigaciones Teológicas, v. 1, tr. C. ernst (Baltimore 1961). I. solano, La suma de la teología (Madrid 1962) 3: 1.46. l. kösters, El Cristo del creyente, tr. jw grundner (San Luis, 1939).

[por ejemplo, emperador]