Pensando con la iglesia, reglas para

Escrito por San Ignacio de Loyola, las Reglas para pensar con la Iglesia se proponen al individuo como uno de los varios medios prácticos para lograr el propósito general de los ejercicios espirituales. Dado que las reglas fueron escritas para los católicos del siglo XVI, su naturaleza e interpretación intrínsecas reflejan de alguna manera la atmósfera religiosa de la época.

Las Reglas para pensar con la Iglesia no son un tratado teológico. No se hace ningún esfuerzo por establecer principios absolutos. Se presuponen ciertas verdades bíblicas, pero las reglas en sí mismas no son más que medios prácticos para que los católicos permanezcan fieles a la Iglesia y se defiendan de las innovaciones de los reformadores. Las reglas 1 a 9 son para todos los católicos. Las reglas 10 a 18 son principalmente para quienes tienen a cargo la instrucción de los fieles.

A la luz de su origen histórico, un resumen de las reglas puede ser directo y claro. La Regla 1 recuerda a los católicos que la Iglesia les da la comprensión de la ley divina en lugar de una interpretación privada y subjetiva de las Escrituras. Las Reglas 2 y 3 animan a los fieles a recibir los sacramentos de la Penitencia y la Sagrada Eucaristía, a participar en los servicios litúrgicos y de otro tipo, incluido el Oficio Divino y otras oraciones en momentos determinados. Las reglas 4 y 5 reafirman la excelencia de la vida religiosa con sus votos de obediencia, pobreza y castidad. Las reglas 6 a 8 alientan a los fieles a la práctica continua de la piedad católica tradicional expresada externamente por la veneración de los santos, las peregrinaciones, las indulgencias y la penitencia externa. La Regla 9 concluye este primer grupo con la exhortación a alabar y comprender las leyes de la Iglesia, a defenderlas, no a criticarlas.

En el segundo grupo, la regla 10 aconseja a los maestros y predicadores no insistir en las deficiencias de los que están en autoridad. La crítica pública en los sermones fomenta el murmullo y el escándalo entre los fieles. La Regla 11 recomienda la teología positiva, así como el método escolástico en teología y los teólogos escolásticos. Son excelentes medios para comprender y defender las verdades divinas. Para evitar la vanidad entre predicadores y maestros, la regla 12 prohíbe toda comparación entre los genios vivos y los santos del pasado. La regla 13 contiene la famosa hipérbole con la que San Ignacio enfatiza la sumisión incondicional a la enseñanza de la Iglesia. En caso de conflicto entre este último y el propio intelecto, debe prevalecer la enseñanza definida de la Iglesia: "Lo que me parece blanco, lo creeré negro si así lo define la Iglesia jerárquica". La Regla 14 recomienda moderación al tratar con la naturaleza de la predestinación, la fe y la gracia. El énfasis inmoderado de estos elementos de la salvación puede llevar a los fieles al fatalismo, al descuido de las buenas obras y a subestimar el poder del libre albedrío del hombre (reglas 15, 16, 17). Finalmente, dado que el motivo supremo de la vida cristiana es el amor puro de Dios, cuando este no sea motivo, los católicos deben ser movidos a la observancia de la ley por el temor filial y hasta servil de Dios (regla 18). Aunque fueron escritas en el siglo XVI, estas reglas nunca han perdido su valor práctico para los católicos, incluso hasta la actualidad.

Ver también: espiritualidad ignaciana.

Bibliografía: j. de guibert, Los jesuitas: su doctrina y práctica espirituales, ed. ge ganss, tr. wj young (Chicago 1964). pag. dudon, San Ignacio de Loyola, tr. wj young (Milwaukee 1949). w. Sierp, "Recte sentire in ecclesia", Revista de ascetismo y misticismo 16 (1941) 31-36.

[p. rivera]