Pecado, ocasiones de

Una ocasión de pecado es una circunstancia de persona, lugar o cosa, extrínseca al pecador potencial involucrado, que lo lleva al pecado y le da la oportunidad de cometerlo. Las inclinaciones hacia el pecado que se encuentran dentro de un hombre, como los malos hábitos y las pasiones, porque son intrínsecas a él, no son, por lo tanto, lo que un teólogo moral llamaría ocasiones de pecado. Tampoco debe confundirse una ocasión con un peligro de pecado. El peligro de pecar es más general e incluye varias disposiciones internas, como tentaciones, debilidad natural y similares, que pueden existir independientemente de cualquier "ocasión", como se entiende aquí el término.

Se dice que una ocasión de pecado es remota o próxima, según el grado de influencia que ejerce sobre la persona cuyo pecado puede ocasionar. Si la atracción que ejerce no es fuerte, o hay una probabilidad relativamente pequeña de que conduzca al pecado, la ocasión es remota; si la atracción es poderosa o la probabilidad de pecar es grave, la ocasión es próxima. Las ocasiones remotas abundan en la vida de la mayoría de las personas y no hay obligación de tratar de evitarlas. Una ocasión de pecado puede ser próxima para todos y en ese caso se llama una ocasión inmediata absoluta. Otras ocasiones son próximas solo para ciertos individuos debido a sus debilidades y disposiciones particulares, y se dice que estas son relativas.

La frecuencia relativa de lapsos en la exposición a una determinada ocasión que requiere su clasificación como próxima es un tema de disputa entre los teólogos. Algunos opinan que uno debe caer con mayor frecuencia en un tipo particular de ocasión antes de que se convierta en algo próximo. Otros sostienen que un menor número de lapsos sería suficiente para acercar la ocasión, y están de acuerdo con San Alfonso en que si un individuo peca cuatro de cada diez veces en una situación determinada, esa situación debe considerarse una ocasión próxima de pecado para él. Sin embargo, todos coinciden en que es imprudente que una persona se coloque en una ocasión en la que peca con frecuencia.

Se puede entrar libre y voluntariamente en una ocasión próxima de pecado, o puede ser necesaria en el sentido de que no puede evitarse, o al menos no puede evitarse sin serias dificultades. Por lo tanto, si son ocasiones de pecado, leer ciertos libros, frecuentar lugares particulares, asociarse con personas en particular se consideraría, en general, ocasiones voluntarias. El servicio militar, viviendo en casa o en prisión, por otro lado, puede ser ocasiones necesarias o inevitables.

Todo el mundo tiene la grave obligación de evitar ocasiones próximas de pecado grave en la medida de lo posible. Permanecer sin razón suficiente en una ocasión próxima de pecado grave implica la voluntad de cometer ese pecado. Mientras una persona permanezca libremente o no se comprometa a evitar tal ocasión, no está debidamente dispuesta a la absolución, porque carece del firme propósito de enmienda esencial para la contrición. Así como es malo exponerse innecesariamente al riesgo de heridas graves o muerte física, también es un pecado grave exponerse innecesariamente a la muerte espiritual a través del pecado mortal.

En cuanto a las ocasiones necesarias o inevitables, conviene señalar que la necesidad que las caracteriza no es una necesidad de pecar, sino una necesidad de permanecer en la situación física que ha sido o podría ser ocasión próxima de pecado. Cuando una persona se enfrenta a tal necesidad, debe tomar medidas para reducir la probabilidad de pecar, armándose contra los peligros inherentes a la situación. Este curso puede alterar tanto la ocasión que deja de ser próximo y se vuelve remoto. Los medios espirituales para efectuar este cambio incluyen la recepción frecuente de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, la oración, la mortificación y la reflexión que tiende a activar el amor de Dios y a aumentar la conciencia de la maldad del pecado y de sus consecuencias. Además de estas contramedidas espirituales, el ingenio a menudo puede descubrir medios físicos de un tipo u otro, según la naturaleza de la ocasión, para hacer más remoto el peligro del pecado.

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