Mansedumbre

Una característica humana que vuelve a uno afable y lento para ofenderse. En el inglés moderno también tiene un sentido peyorativo y se aplica a un hombre sin espíritu y dócilmente sumiso.

En el Antiguo Testamento, la mansedumbre estaba estrechamente relacionada con el estado de humildad, humildad, pobreza y aflicción. Los antiguos griegos lo colocaron en un contexto moral al considerar que era mejor sufrir que hacer el mal. La estima que se atribuye a la mansedumbre es típica de la moralidad del Nuevo Testamento. "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra" (Mt 5.4) es el pasaje más famoso que encarna este término, pero la cualidad misma está incluida de manera equivalente en el fruto del espíritu que San Pablo describió como caridad, alegría, paz. , paciencia, bondad, bondad, fe, modestia y continencia (Gal 5.22-23). Es evidente que la actitud que se recomienda al cristiano es de relativa pasividad frente a la invasión agravante, o incluso de activa bondad hacia los codiciosos y dominantes.

La referencia paulina en Gálatas al fruto del Espíritu y la asociación posterior de la virtud de la mansedumbre con los pasos de humildad de San Benito la ubican más exactamente en el proceso orgánico del crecimiento y desarrollo cristiano. En su plenitud como don del Espíritu, hay una aceptación voluntaria, si no un elemento de gozo positivo, en la reacción de quienes la poseen ante el comportamiento provocador de los demás, como se ejemplifica en el martirio del diácono Esteban. En circunstancias más ordinarias, se manifiesta en la falta de violencia al tratar con los enemigos.

Los teólogos escolásticos han reducido este concepto al convertirlo en una virtud moral, una parte potencial de la templanza, que tiene como efecto la moderación racional de la ira. Sin embargo, su personificación ideal de este rasgo de carácter sigue siendo Jesús: "Ahora yo mismo, Pablo, os suplico con la mansedumbre y la dulzura de Cristo" (2 Cor 10.1). El fracaso en la mansedumbre por defecto se considera comúnmente bajo el título de ira. Los excesos de mansedumbre que generalmente provienen de la indolencia extrema, el miedo cobarde o la ausencia total de incluso la agresividad normal han sido tratados por Aquino y San Francisco de Sales. Los fracasos graves son concebibles sólo en circunstancias tan inusuales que el mal ejemplo sería gravemente escandaloso, o que el no amonestar con la suficiente impresionabilidad llevaría a los que están a su cargo a la confusión moral.

Evidentemente, la bienaventuranza mencionada por Mateo como parte del Sermón de la Montaña enumera la mansedumbre como un valor opuesto a los valores que normalmente prevalecen en la sociedad. Desde el simple punto de vista evolutivo, se podría pensar que los mansos serían eliminados por el proceso de selección natural. Sin embargo, parece necesario cierto grado de aceptación de este ideal cristiano en la sociedad occidental para su supervivencia. No obstante, es sin duda uno de los rasgos de carácter que el hombre medio encuentra confuso. Pero con el paso de la era de la frontera agreste y su código apropiado de moralidad, la humildad y la mansedumbre vuelven a ser cada vez más aceptables como cualidades de un miembro bien adaptado de nuestra sociedad.

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