Madre del Redentor

Sexta encíclica del papa juan pablo ii, publicada en la fiesta de la Anunciación (25 de marzo) de 1987, presagiando el año mariano (Pentecostés de 1987 a la Asunción de 1988). En la introducción (núms. 1-6), el Papa Juan Pablo enfatiza el hecho de que el misterio de Cristo está indisolublemente unido al de María como portadora de Dios (theotokos), definido solemnemente en el Concilio de Éfeso en 431. Este dogma es esencialmente y principalmente una doctrina cristológica en la que María es retratada como el arquetipo "inmaculado" y perfecto de la Iglesia desde el momento de su Inmaculada Concepción. En el umbral del nuevo milenio o del 2,000 cumpleaños del Hijo de Dios encarnado, el Santo Padre reflexiona sobre la historia de salvación de la Biblia a la luz de una meditación sobre el papel único de María en nuestra redención como "Nueva Eva" o compañera. de Cristo.

La primera de las tres secciones, "María en el misterio de Cristo", constituye una reflexión bíblica sobre lo que el Vaticano II describió acertadamente como la "peregrinación de fe" de María (lumen gentium 58). El Papa señala que esta "peregrinación" representa un foco constante para la Iglesia y, en cierto sentido, para toda la humanidad. Él persigue la misma mariología cristocéntrica y eclesiotípica que se enseña en el capítulo 8 de La luz. Así como no se puede contemplar a Cristo al margen de la actividad redentora de la que se originó su cuerpo místico, María debe ser considerada íntimamente relacionada con la Encarnación y la Redención si ha de ser vista como el arquetipo de la Iglesia redimida únicamente por su Inmaculada Concepción la consumación de todo el Cuerpo de Cristo en su gloriosa Asunción. El Papa comienza citando los escritos paulinos sobre el plan divino de salvación; la relación única entre María y su Hijo en esta historia de gracia se convierte así en el centro de su meditación sobre los textos de los Sinópticos, Juan y Hechos que conciernen a María.

En la segunda sección, "La Madre de Dios en el centro de la Iglesia Peregrina", el Papa habla del vínculo indisoluble de María con el misterio de la Iglesia nacida en el primer Pentecostés, llamada por Cristo a dar testimonio apostólico a todas las naciones (Mat. 28: 19-20). Dedica especial atención a las cuestiones ecuménicas relativas a María, especialmente con respecto a Oriente, añorando el momento en que tanto Oriente como Occidente volverán a ser la única Iglesia respirando con "ambos pulmones" (n. 34). Considera que esto también ayuda a los diálogos entre la Iglesia católica y las iglesias y comunidades eclesiales de Occidente. Esto llevará a la única Iglesia de Cristo a cantar su Magnificat, que continuamente "resuena" en su corazón mientras recita el Cántico de María en las Vísperas cada día.

En la tercera sección, "Mediación materna", el Papa se cuida de afirmar la influencia saludable de María sobre cada uno de nosotros mediante su mediación e intercesión maternas. Desarrolla lo que el Vaticano II llama su maternidad espiritual, "una maternidad en el orden de la gracia" (Lumen gentium 62). Como en el caso de la función de intercesión de todos los santos en el cielo, depende por completo y está subordinada a la mediación única de Cristo. La mediación materna de María tiene su origen en su "plenitud de gracia", encarnada en su total entrega a Dios en la Anunciación. Perfeccionado por su Asunción a la gloria, se extiende hasta la obra redentora de su Hijo. Además, dado que la maternidad es siempre una relación personal, la mediación materna de María es un camino para que todo cristiano entre en un encuentro más íntimo e inmediato con Cristo. El significado especial del Año mariano, que comienza en Pentecostés y termina en la fiesta de la Asunción, es que la Iglesia debe reflexionar sobre lo que el misterio de María revela sobre la misión y la esperanza de la Iglesia.

La mediación de María es la presencia maternal efectiva que comparte los muchos problemas complejos de nuestra vida. Se la invoca para transformar la Iglesia a través de su papel de relacionarnos más estrechamente con Cristo encarnado y salvador.

Bibliografía: Para el texto de Madre del Redentor, ver: Revista de la Sede Apostólica 79 (1987): 361-433 (latín); Orígenes 16, no. 43 (9 de abril de 1987) 745–766 (inglés); El Papa habla 32 (1987): 159–197 (inglés). Para comentarios y resúmenes de Madre del Redentor, ver: María: el sí de Dios al hombre - Encíclica de Juan Pablo "Redemptoris Mater", introducción de j. ratzinger, comentario de h. von balthasar (San Francisco 1988). fm jelly, op, "Aspectos ecuménicos de Madre del Redentor, " Estudios marianos 39 (1988): 115 – 129.

[F. gelatina]