Lugo, juan de

Teólogo jesuita y cardenal del siglo XVII, especialmente estimado como moralista; B. Madrid, 25 de noviembre de 1583; D. Roma, 20 de agosto de 1660. Juan de Lugo, nacido de padres nobles, parece haber estado destinado a una carrera eclesiástica desde sus primeros años. Antes de los diez años, recibió la tonsura y obtuvo un beneficio de Felipe II de España a los 14 años. Juan recibió su educación inicial en Sevilla, donde obtuvo una licenciatura en artes en 1598. Luego sus padres lo enviaron con su hermano mayor Francisco a Salamanca para estudiar derecho civil y canónico. Mientras estaba en Salamanca, Francisco ingresó en la Compañía de Jesús. En 1603, Juan también se convirtió en jesuita, en contra de los deseos de su padre. Después de su ordenación, enseñó filosofía y teología en varias casas de estudio jesuitas.

En 1616 De Lugo se licenció y fue asignado a enseñar teología en Valladolid. Su fama como teólogo se extendió rápidamente dentro de la sociedad, y en 1621 o 1622 el general lo convocó a Roma. Allí enseñó teología durante los siguientes 20 años.

Aunque sus amigos lo instaron a publicar sus tratados teológicos, De Lugo se negó hasta 1631, cuando sus superiores le ordenaron que lo hiciera. En 15 años preparó cinco trabajos importantes para su publicación: La encarnación de (Lyons 1633); Los sacramentos, el venerable sacramento de la Eucaristía y la Misa sacrasancta (Lyons 1636); El poder del sacramento del voto, e induloentiis (Lyon 1638), La justicia y los derechos (Lyons 1642); El poder de la fe en Dios (Lyon 1646). Más tarde su Respuestas moral seis (Lyon 1651) fue publicado por su antiguo alumno y amigo, el cardenal Sforza pallavicino. Además de estas obras, De Lugo escribió otros tratados filosóficos y teológicos durante su larga carrera docente. Un grupo de estos se publicó en Colonia en 1716 con el título Dios, los ángeles, las acciones humanas y la gracia. Otras composiciones se citan en sus trabajos publicados, como, La Filosofía del Alma, la Lógica, la Trinidad, la visión, el conocimiento, la predestinación del bien y del mal de la actividad humana; los manuscritos de algunas de estas obras se conservan todavía en las bibliotecas de Madrid, Salamanca, Karlsruhe y Mechlin.

La base de la fama de De Lugo como teólogo y de su influencia en el desarrollo de la teología se encuentra en sus obras publicadas, que muestran que fue un teólogo de considerable estatura y un pensador independiente. Su enfoque no fue polémico. No era su costumbre presentar una revisión exhaustiva de opinión sobre un tema, ni citaba a muchas autoridades en apoyo de su propia posición. De manera directa formuló la pregunta, discutió el problema y razonó hasta llegar a una solución. En el proceso, demostró su sólida base en la filosofía escolástica, la teología dogmática y moral, y el derecho civil y canónico.

En sus discusiones, se considera que lo sobrenatural se basa en el orden natural y que las obligaciones morales se derivan de verdades doctrinales. Extrajo los principios del orden político de la naturaleza del hombre como ser social, pero al mismo tiempo señaló que la vida social es el medio más necesario para la profesión de la fe cristiana (La justicia; 10). La jurisdicción suprema del Papa en la Iglesia y su infalibilidad con respecto a la fe y la moral se dedujeron de la naturaleza de la Iglesia como la agencia de salvación fundada por Cristo (El poder de la fe en lo divino 1).

Una comparación de la enseñanza de De Lugo con la doctrina social de los papas desde leo xiii hasta pío xii muestra que hay pocos puntos en los que el teólogo del siglo XVII tendría que ser corregido debido al desarrollo posterior de la doctrina social católica. Su discusión sobre los derechos de los esclavos podría usarse como una exposición de los derechos inalienables del hombre (La justicia; 3). Una vez más, su consideración del uso de la tortura en los procesos judiciales pone de manifiesto que los teólogos de la época de la Inquisición eran muy conscientes de los problemas morales relacionados con su uso.

De Lugo dedicó su cuarta obra, la monumental La justicia y los derechos; a Urbano VIII. El Papa quedó tan impresionado con la obra y con su autor que decidió convertir al teólogo en cardenal. Aunque el jesuita intentó declinar, el Papa le ordenó aceptar el cardenalato en 1643. A partir de entonces, De Lugo se involucró activamente en la labor del Santo Oficio y la Congregación del Concilio.

Cuando el jansenista Antoine Arnauld publicó su libro, De comunión frecuente, estalló una violenta controversia teológica y se desarrolló una fuerte tendencia a condenar a todo el movimiento jansenista. En una moderación de consejería conmemorativa, De Lugo señaló que los jansenistas aún profesaban ser católicos e instó a que se los tratara con tanta amabilidad como lo permitiera la defensa de los principios católicos. A pesar de su postura moderada, De Lugo quedó fuera del comité de cardenales encargado de evaluar la ortodoxia del jansenismo. Dado que los jesuitas se habían opuesto activamente a los jansenistas, se sintió que él no sería imparcial en su juicio.

En el cónclave de 1655, el rey Felipe IV de España declaró al cardenal Sacchetti persona non grata e intentó que lo excluyeran como candidato papal. En el debate que surgió entre los cardenales del cónclave, probablemente fue De Lugo quien defendió la reivindicación del derecho de exclusión del rey español.

Bibliografía: j. de lugo, Discusiones escolares y morales ed. jb fournals, 8 v. (nueva ed. París 1891–94). je nieremberg, Varones ilustres de la compañia de Jesús, continuación a. los demás y j. cassini, 9 v. (2ª ed. Bilbao 1887–92) v. 5. Pastor. gramo. brinkman, El pensamiento social de Juan de Lugo (Washington 1957).

[gramo. brinkman]