Liberalidad, virtud de

La liberalidad es la virtud que dispone a una persona a la observancia de un medio razonable entre los extremos opuestos de prodigalidad y tacañería al realizar gastos destinados al beneficio de otros. Si bien la liberalidad es la virtud que regula y controla el apetito por los bienes externos, el deseo y el uso de estos bienes en beneficio de otros entra de manera destacada en su concepto y, de hecho, constituye su principal preocupación. En términos generales, los hombres están suficientemente dispuestos por naturaleza a buscar y utilizar tales bienes para su propio placer y ventaja, por lo que no necesitan ninguna virtud para prepararlos para ello. Además, lo que gastan en sí mismos a menudo se gasta en el intercambio de un tipo de posesión por otro y, por tanto, no implica un desembolso real. Lo que un hombre necesita fortalecerse es la disposición a usar estos bienes en beneficio de otros además de él mismo. La liberalidad se diferencia de la justicia porque lo que se da no se debe estrictamente; de la misericordia, porque no la evoca la necesidad del beneficiario; de la gratitud, porque sus obsequios no se ven como una devolución de los favores recibidos. Aunque difiere de la caridad en que su motivo inmediato es la idoneidad inherente de un espíritu de generosidad en las relaciones humanas, bien puede activarse por mandato de la caridad, y es una disposición que se presta fácilmente al servicio de esa virtud.

Es característico del hombre liberal ser generoso al dar a los demás, pero su generosidad no debe ser desproporcionada con sus medios, ni debe dejar que un hombre lo vuelva incapaz de satisfacer las demandas de justicia, piedad o caridad, ni si implica el sacrificio de otro bien virtuoso. El exceso en la liberalidad es el pecado de la prodigalidad, pero la generosidad, moderada con prudencia, se convierte en el hombre socialmente desarrollado y en el cristiano, y por eso San Pablo exhortaba a los efesios a trabajar, trabajando con las manos, para tener algo que compartir con sus vecinos (Efesios 4.28). La virtud de la liberalidad en un hombre no se mide necesariamente por la cantidad real de sus beneficios, sino que a menudo depende más de la disposición con la que da (Mc 12.41-44).

Bibliografía: tomas de aquino, Summa theologiae, 2a2ae, 117-119. bh merkelbach, La suma de la teología moral, 3 v. (París 1949) 2: 840-842.

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