Justicia, doble

Los primeros reformadores enseñaron que el pecador es justificado, o declarado justo, por la imputación de la justicia, o rectitud, de Jesucristo. Aunque los pecados del hombre justificado sean perdonados, permanecen en él; pero Dios no los tiene en cuenta por los méritos del Salvador. En la doctrina católica, por otra parte, la justificación es una santificación interna del pecador, que recibe voluntariamente de Dios una infusión de la gracia y las virtudes. La única causa formal de justificación es la justicia inherente o heredada, también llamada "gracia santificante". Por esta justicia inherente los pecados son perdonados y borrados, aunque la concupiscencia, que no es punible, permanece.

En las discusiones de la sexta sesión del Concilio de Trento sobre la justificación del pecador, Girolamo seripando, superior general de los agustinos y luego cardenal, propuso una teoría del compromiso, la de la doble justicia. Una forma primitiva de esta opinión había sido defendida antes de Trento por algunos teólogos protestantes y católicos. Los principales de estos últimos fueron John Gropper de Colonia y Gasparo Contarini, un veneciano, creado cardenal en 1535.

La doctrina de la doble justicia se llamó así porque enseñó dos causas formales de justificación, tanto la justicia inherente de los católicos como la justicia imputada de los protestantes. Los defensores de esta opinión argumentaron que la justicia inherente es imperfecta y que las obras del hombre justo, estropeadas por faltas e imperfecciones, no son dignas del cielo. Para llegar a ser completamente justo ante Dios y poder comparecer ante el tribunal del juez divino vestido de justicia y con suficiente mérito de vida eterna, una persona necesita más que una santificación interna. El pecador justificado también necesita una aplicación especial de los méritos de Cristo por medio de la imputación. La aplicación o imputación no es, sin embargo, puramente forense o externa, sino que incluye un efecto formal, a saber, la inserción del justo en el Cuerpo de Cristo como uno de sus miembros.

Los padres del Concilio de Trento, al aprobar el decreto sobre la justificación, rechazaron decisivamente la doctrina de la doble justicia en el capítulo siete: "Finalmente, la única causa formal [de la justificación] es la 'justicia de Dios, no la justicia por la cual Él es Él mismo es justo, pero la justicia con la que nos hace justos "(H. Denzinger, manual de simbolos, ed. A. Schönmetzer, 1529). Además, la necesidad de una imputación especial de los méritos de Cristo para la plenitud de los méritos de los justos se excluye en el capítulo 16: "Debe creerse que nada más falta a los justificados [además del influjo constante de Cristo en sus miembros] para que se considere que han satisfecho plenamente la ley divina por sus obras ... y que han merecido verdaderamente la vida eterna que alcanzarán a su debido tiempo ... porque la justicia que se dice que es nuestra porque es inherente a nosotros y nos justifica es asimismo la justicia de Dios porque la ha puesto en nosotros por el mérito de Cristo "(H. Denzinger, manual de simbolos 1546-47). La condenación en el canon diez muestra que la justicia de Cristo es la causa meritoria de la justificación y que la justicia de Cristo no es su única causa formal ni una de las dos causas formales.

Bibliografía: h. jedin, Legado Papal en el Concilio de Trento: Cardenal Seripando, tr. f. c. eckhoff (St. Louis 1947). a. briva, "El problema de la doble justificación en la escuela de Colonia," in Semana española de teología 18, 1958 (Madrid 1961) 19–44. pag. no, "La doctrina de la doble justicia en el Concilio de Trento", Periódicos theologicae Lovanienses 30 (1954) 5-53. ce maxcey, "Double Justice, Diego Laynez y el Concilio de Trento", Historia de iglesia 48 (1979) 269-78. pag. schÄfer, "La figura de la esperanza y la presencia de la salvación: para la discusión de la doble justicia en el Concilio de Trento", Teología y filosofía 55 (1980) 204–29. mi. arnold, "'Triplex iustitia': El siglo XVI y el siglo XX", en Autoridad cristiana: ensayos en honor a Henry Chadwick, ed. gr evans (Oxford 1988) 204-23. ae mcgrath, Iustitia Dei: una historia de la doctrina de la justificación (Cambridge 1998).

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C. malloy]