Involuntaridad

La involuntariedad es la privación de la voluntariedad; característica de los actos realizados por desconocimiento de las circunstancias o por obligación. El acto voluntario es aquel que se realiza con un conocimiento adecuado de las circunstancias y sin restricción o fuerza externa. Cualquier deficiencia en el conocimiento relevante, cualquier coacción de fuerzas externas, priva a un acto de su voluntariedad.

El acto realizado bajo coacción puede definirse como aquel cuya fuente está fuera del agente y al que el agente no aporta nada. Quien es apresado y llevado en contra de sus deseos, que se ve obligado a ir a donde lo llevan sus captores, no es responsable de tal actividad. Los actos realizados con miedo presentan más dificultades. No se puede decir que el capitán que, por temor a hundirse, ordena que su carga sea arrojada por la borda, esté haciendo lo que quiere hacer, al menos no sin calificación. Ciertamente no quiere perder su cargamento. Sin embargo, quiere salvar el barco, él mismo y la tripulación; y si el desecho del cargamento es el único medio de asegurar el barco, entonces, en estas circunstancias precisas, desecha voluntariamente su cargamento. aristóteles habla de actos tales como mezclar voluntariedad e involuntariedad; sugiere que, considerados concretamente, los actos realizados por miedo son voluntarios. [ver fuerza y ​​responsabilidad moral; fuerza y ​​miedo (ley del cañón)].

No toda ignorancia priva a un acto de su voluntariedad. Santo Tomás de Aquino distingue tres clases de ignorancia: concomitante, consecuente y antecedente (Summa theologiae, 1a2ae, 6.8). (1) La ignorancia concomitante no necesariamente hace que un acto sea involuntario, como en el caso de un hombre que quiere matar a su enemigo y lo mata pensando erróneamente que está disparando a un oso. Dado que el resultado, cuando lo descubre, no va en contra de sus deseos, difícilmente se puede decir que haya actuado involuntariamente. (2) Se puede desear la ignorancia para escapar

responsabilidad. Por ejemplo, alguien que tiene dificultades con la pureza puede optar por no informarse sobre sus obligaciones para que el conocimiento no obstaculice sus actividades. Así también alguien cuyos apetitos desordenados le impiden pensar en lo que sabe que debe hacer ignora las dimensiones morales de su situación. En ambos casos, la ignorancia es consecuencia de la libertad y no hace que los actos realizados en tal ignorancia sean involuntarios. (3) El tipo de ignorancia que hace que los actos sean involuntarios es antecedente e inocente; cuando uno no sabe, por ejemplo, que su objetivo no es un enemigo sino un camarada. Una señal de que ha actuado en contra de sus deseos es el dolor y la angustia que siguen al impacto del reconocimiento.

(Para bibliografía ver voluntariado; acto humano).

[rm mcinerny]