Intelectualismo

El término intelectualismo generalmente designa un sistema filosófico o teológico en el que se concede primacía al intelecto o la conceptualización, en oposición a la voluntad o la afectividad. A veces se usa en un contexto de escolasticismo para caracterizar la síntesis tomista como diferente de la de las escuelas franciscana y agustiniana. También se aplica en un sentido peyorativo, principalmente por pensadores modernos, a aquellas filosofías que enfatizan la generalización abstracta y el racionalismo excluyendo preocupaciones subjetivas y existenciales. Lo siguiente es una breve reseña histórica de varios matices en este uso.

La filosofía griega es intelectualista en el sentido de que enseña que la idea especifica y determina la acción. Sócrates y Platón parecen no haber creído en la libertad, ya que algunos de sus seguidores enseñaron que, dado que toda falta moral resulta de un error, nadie hace el mal voluntariamente. Este intelectualismo inspira igualmente la filosofía de aristóteles. Toda la realidad es inteligible, y este principio se refiere tanto a los fenómenos de la naturaleza como a las ideas de la mente. La ciencia se coloca muy por encima de lo útil porque tiene valor en sí misma. El entendimiento es tan soberano que uno no puede apartarse de su jurisdicción. Incluso una duda universal implica certeza; toda negación implica una afirmación. Uno puede criticar la razón solo por la razón. Incluso la persona que finge prescindir de él puede recurrir a él; incluso quien lo desprecia le rinde homenaje. Lo más importante, entonces, es pensar y pensar bien.

Algo parecido, el intelectualismo es característico de Santo Tomás de Aquino. Fiel a la tradición de Aristóteles, la perfecciona indicando que Dios no es solo necesidad, sino también libertad; no solo pensamiento, sino también amor. Ésta es una de las formas en las que evita el racionalismo y, mientras enfatiza lo primario del intelecto, también enseña la importancia ontológica de la voluntad, la libertad y el misticismo.

Las huellas de este intelectualismo se encuentran también en la era moderna. En el siglo XVII, los filósofos se preocupan especialmente por la verdad y los medios para alcanzarla. Algunos recurren a un método de observación, otros a un método metafísico. Sin embargo, tal como se emplea habitualmente, ambos métodos se pueden reducir en última instancia al método matemático, que, utilizado en el contexto de la física, posiblemente pueda reclamar una necesidad que, de hecho, la naturaleza no tiene. De ahí surge una doble corriente intelectualista: la del empirismo, que se convierte en positivismo en el siglo XIX, representada por F. bacon, J. locke, D. hume, A. comte y H. spencer. El segundo es el del idealismo, de R. descartes, N. malebranche, B. spinoza, GW leibniz, JG fichte, F. schelling y GWF hegel. Para ambos grupos, el valor y el poder del hombre están especificados por su conocimiento no subjetivo u objetivo, un conocimiento necesario que, debido a la inflexibilidad del método, suprime la libertad en casi todos los casos.

¿Qué se debe decir al criticar el intelectualismo? Es difícil no reconocer su importancia y valor. La acción ciega es impotente; una vida cuyo significado no se percibe se vuelve mala. El sabio que descubre las leyes de la naturaleza es un gran benefactor, y el que nos revela a Dios es el Salvador. Pero el intelectualismo lo expone a uno al peligro del racionalismo y el determinismo; el ser no solo es necesario e inteligible, sino también dinámico. Si el pensamiento es soberano porque es inmanente y puede pensarse a sí mismo, la voluntad también puede quererla y es, por tanto, autónoma y libre. Uno es el primero en el orden de la verdad, el otro en el orden del bien; su correlación produce su valor mutuo.

Ver también: existencialismo; irracionalismo; voluntarismo.

Bibliografía: jw miller, La estructura de la lógica aristotélica (Londres 1938). pag. rousselot, El intelectualismo de Santo Tomás, tr. je o'mahony (Nueva York 1935). ag sertillanges, Santo Tomás de Aquino y su obra, tr. gramo. anstruther (Londres 1933; repr. 1957). j. laporte, El racionalismo de Descartes (París 1945). v. Mathieu, Enciclopedia filosófica 2: 1457–60 (Venecia-Roma 1957). r. eisler, Diccionario de términos filosóficos, 1: 759 (4ª ed. Berlín 1927-30).

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