Certeza de fe

A diferencia de los motivos de certeza que caracterizan a las ciencias naturales y filosóficas, la certeza de la fe se basa en el hecho de que una verdad es revelada por Dios, que no puede ser engañado ni engañado. Tal certeza no se basa en evidencias internas de la verdad en cuestión, sino en la omnisciencia y veracidad de Dios, quien ha revelado. Es de la naturaleza de la certeza histórico-moral en el sentido de que depende del testimonio, pero se eleva por encima de este tipo de certeza ya que la Persona que testifica es Dios. La certeza de la fe no depende de la certeza que rodea los preámbulos de la fe. Independientemente del rigor del razonamiento empleado para llegar al juicio de credibilidad o incluso de credibilidad con respecto al depósito de la fe, el acto de fe en sí mismo trasciende tal razonamiento y permanece completamente libre, ya que un acto de fe sobrenatural no puede realizarse sobre la base de de la razón natural sola. La fe es un don mutuo y gratuito que se intercambia entre Dios y el creyente. El acto de fe es compatible con las verdades de la razón natural que se utilizan para explicarlo o ampliarlo, pero de ninguna manera depende de ellas.

Aparte de las observaciones dispersas en varios de los Padres, que tratan de la fidelidad de Dios, la cuestión de la certeza de la fe no recibió una consideración teológica seria hasta principios de la Edad Media. Con los escolásticos, y especialmente los comentaristas de Santo Tomás de Aquino, la doctrina del objeto formal de la fe comenzó a desarrollarse hasta alcanzar la forma definitiva en la definición del Concilio Vaticano I. Según el Vaticano I, la certeza de la fe depende de dos hechos: que Dios ha revelado y que no puede engañar ni ser engañado. Una vez que se reconoce el hecho de la revelación (H. Denzinger, manual de simbolos ed. A. Schönmetzer (32d ed. Freiburg 1963) 428, 3004, 3420-26), y el hecho de que Dios no puede ser engañado ni engañado (ibid., 3008), da como resultado que el creyente se libere del temor al error que forma la base de un compromiso amoroso con el contenido de la revelación. El hecho de que este compromiso sea libre, sin embargo, significa que no es convincente en la forma en que la conclusión obliga al asentimiento una vez que se conocen las premisas. Varias influencias intelectuales, no intelectuales o incluso inconscientes pueden interferir con el hombre en su camino hacia la certeza de la fe (ibid., 3876) o en su posesión de ella. La fe depende de la acción de la gracia tanto para su inicio como para la certeza que se deriva de ella (ibid., 3004, 3015).

Ver también: fe; fe, comienzo de.

Bibliografía: a. chollet Diccionario de Teología Católica, ed. una. vacante et al., 15 v. (París 1903–50; Tablas generales 1951–) 2.2: 2155–68. mc d'arcy, La naturaleza de la fe (Nueva York 1931; nueva ed. 1958). r. aubert, El problema del acto de fe (3ª ed. Lovaina 1958). a. gardeil Credibilidad y apologética (París 1908). j. pieper Creencia y Fe, tr. r. y C. winston (Nueva York 1963).

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