Celos de dios

La connotación contemporánea habitual de celos no se aplica a Dios, es decir, no es neuróticamente suspicaz ni envidioso. Normalmente, no se habla de celos justos como se habla de ira justa. No obstante, la Biblia sí habla del celo de Dios. "Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso" (Ex 20: 5, también 34:14, Dt 4:24, 5: 9, 6:15; Jos 24:19, Na 1: 2). Dios está celoso de su santo nombre (Ez 39:25). El Señor se pone celoso de su tierra (Jl 2:18). Tiene celos de Jerusalén y Sión (Zacarías 1:14, 8: 2). Dios se conmueve a celos por la adoración de dioses falsos (Dt 32:21; Sal 77-78: 58). El salmista está preocupado por cuánto tiempo arderá la ira de los celos de Dios contra ellos (Sal. 78-79: 5). Dios amenaza con que debido al pecado del israelita, sus celos se apartarán de ellos (Ez 16:42). Dios pondrá su celo ardiente contra las naciones que han saqueado a Israel (Ez 36: 5-6). En la ira celosa de Dios todas las naciones serán consumidas (Sof. 1:18, 3: 8). Pablo advierte a los corintios que no provoquen al Señor a celos (1 Corintios 10:22).

Dios, como el único Dios verdadero, no tolerará la adoración de ningún dios falso. Está celoso, en el sentido de protector, de su santo y justo nombre y no permitirá que sea profanado. Dios también es celoso en su amor por su pueblo. Ha hecho un pacto especial con su pueblo y por eso se ha unido a ellos con un amor especial. Este amor es así entre marido y mujer. "Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en misericordia. Te desposaré conmigo en fidelidad" (Os 2: 19-20). Debido a este amor conyugal, Dios es celoso tanto en su protección como en el cuidado de su pueblo y su tierra, y también es celoso en su exigencia de que permanezcan fieles a él. Así, Dios guarda celosamente a su pueblo del pecado y la maldad de las naciones paganas, y su ira celosa puede atacarlos. Sin embargo, la ira celosa de Dios puede volverse igualmente contra su propio pueblo cuando rompen el pacto y se vuelven infieles. El pecado provoca los celos de Dios porque, en el pecado, uno se ha vuelto en falso amor hacia algo que no es Dios. Por lo tanto, la mayor amenaza contra su pueblo es que Dios revoque sus celos, porque hacerlo significaría que revocaría su singular amor por ellos. Dios desea llamar a su pueblo precisamente porque está celoso. En su amor celoso no quiere perder a su pueblo.

Bibliografía: jj scullion, "Dios", El Diccionario Bíblico Anchor, v. 2, ed. dn freedman (Nueva York 1992) 1041–48.

[tg weinandy]