Aridez, espiritual

La aridez espiritual es una condición del alma en la que una persona no obtiene consuelo o satisfacción de la oración. Esta ausencia de gratificación espiritual hace que sea muy difícil para uno producir los actos de oración intelectuales y afectivos. Según los escritores espirituales, la aridez puede deberse a diferentes causas. Puede ser causado por infidelidades a la gracia de Dios tales como tibieza en el servicio de Dios, pecado venial habitual, hábitos de sensualidad, curiosidad vana, inconstancia, superficialidad, falta de estima por los bienes espirituales o activismo excesivo.

La aridez puede deberse también al malestar físico causado por la enfermedad, el calor o el frío, o por la falta de sueño suficiente. O puede ser el efecto de la inquietud mental causada por la preocupación, los problemas familiares, las ocupaciones absorbentes, el exceso de trabajo o la falta de la habilidad natural para un método particular de oración. Ciertos problemas mentales o emocionales también pueden causar aridez en la vida espiritual.

Finalmente, la aridez puede ser enviada por Dios para humillar el alma y purificarla de su excesivo apego al consuelo en la oración. Pero si esta aridez va acompañada de signos de contemplación purgativa, de incapacidad para meditar en las cosas de Dios, falta de inclinación a fijar la mente en otros objetos y una preocupación ansiosa por la reincidencia y no servir al Señor, entonces la sequedad es una indicación de una influencia divina más acentuada. En este caso, la aridez manifiesta una llamada divina a entrar en una nueva forma de oración más simplificada: una atención amorosa contemplativa a Dios.

Cuando la aridez es causada por la infidelidad, una persona puede encontrar el remedio en una mayor diligencia en sus prácticas de vida espiritual y en un esfuerzo más cuidadoso para corregir sus defectos. En el caso de la aridez causada por malestar físico o malestar mental, una persona debe buscar los medios para aliviar las causas de estos males. Si este alivio no es alcanzable, el aguante de la aridez puede ser la ocasión para la práctica de una mayor virtud, especialmente la paciencia. Cuando la contemplación purgante es la causa de la sequedad, la persona no debe seguir intentando meditar o forzar actos particulares, sino permanecer en paz, en una simple y amorosa atención a Dios en pura fe y amor, sin el deseo de experimentar. ni sentir nada.

Ver también: purificación, espiritual.

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[k. kavanaugh]