Abandono espiritual

El término puede tomarse en un sentido activo o pasivo. En su sentido activo se refiere al auto-abandono de la persona a la providencia divina a través de las virtudes teologales. En su sentido pasivo se refiere a una condición en la que el alma es realmente, debido al pecado, o solo aparentemente, abandonada por Dios. Este artículo se refiere al abandono entendido como aquella experiencia en la que a una persona espiritual le parece que Dios lo ha abandonado. Este abandono espiritual, entonces, es una prueba interior en la que el alma espiritualmente avanzada, sintiendo la dolorosa necesidad de una posesión más clara y fuerte de Dios, tiene la aguda impresión de que Dios la ha abandonado y ya no la tiene a su favor.

En su forma menos intensa, este abandono hace sentir que Dios está lejos; en su forma más intensa, hace que uno se sienta rechazado por Dios y destinado a perderse. Este sufrimiento sólo lo experimentan las personas que han alcanzado un alto grado de perfección. Si bien ciertas formas de abandono se pueden experimentar como consecuencia del pecado o de una fe tibia, el sufrimiento real causado por el sentimiento de ser abandonado por Dios solo es concebible en las almas santas para quienes Dios se ha convertido en el único objeto de un intenso deseo y amor.

La hagiografía cristiana de todas las edades ofrece ejemplos de abandono espiritual. Escritores antiguos como San Juan Clímaco y Casiano describen el juicio, pero las referencias a este sufrimiento son mucho más abundantes entre los santos de los tiempos modernos. Este testimonio más reciente es sin duda atribuible al mayor número de biografías espirituales y cartas de dirección espiritual; éstos manifiestan más claramente los secretos interiores de las almas y, en particular, los aspectos dolorosos de su vida espiritual.

La experiencia del abandono espiritual puede surgir de la contemplación purgativa por la cual Dios efectúa la purificación del alma, especialmente en la noche pasiva del espíritu; o puede ser un medio por el cual las almas ya purificadas sufren como víctimas en unión con Cristo. En cualquier caso, esta prueba permite al alma participar más íntimamente del sufrimiento del abandono de Cristo en la cruz. Esta unión con Cristo crucificado da lugar a su vez en el alma a los más sublimes actos de autoabandono.

Ver también: auto-abandono, espiritual; purificación, espiritual.

Bibliografía: juan de la cruz, "La noche oscura", Obras completas, tr. k. kavanaugh yo. Rodríguez (Garden City, NY 1964) 295–389. una. poulain, Las gracias de la oración interior, tr. ll yorke smith, ed. jv bainvel (San Luis 1950). l. cardo, La Cruz de Jesús tr. rt murphy y j. thornton, 2 v. (St. Louis 1957-59). h. martín, Diccionario de espiritualidad ascética y mística. Doctrina e historia 3:504–517, 631–645.

[k. kavanaugh]